Cuando a una mujer le llega el momento del embarazo, sin duda lo más importante es la salud de ella y de su bebé. Por eso algunas personas son críticas con las mujeres que siguen siendo cuidadosas con su apariencia física durante la gestación.

Pero esta crítica realmente carece de sentido. Primero, porque una mujer es dueña de su cuerpo y por tanto de su apariencia y los demás no son quiénes para censurar o perjudicar la percepción que una mujer tenga de sí misma.

Un segundo motivo es que no hay incompatibilidad alguna entre cuidar la apariencia y ser cuidadosas y responsables con nuestro embarazo. No se trata de elegir entre estética y salud. Al contrario, en muchas ocasiones, los hábitos saludables que cuidan de nuestro bienestar y del bienestar del bebé, son los mismos que nos hacen vernos mejor.

Todas las mujeres que han pasado por el embarazo saben que es normal preocuparse por la apariencia física.  No solo durante esos meses sino tras el parto. Porque sabemos que estamos pasando por una serie de cambios muy importantes y que algunos de ellos pueden tener consecuencias definitivas.

Además, los radicales cambios hormonales por los que pasa la mujer embarazada le pueden hacer más sensible a los miedos. En una fase en la que ya está bastante preocupada por su salud y la del bebé, la ansiedad por la apariencia física, incluso aunque no esté realmente justificada, puede ser muy perjudicial.

Es una fase de la vida de la mujer donde la autoestima se pone a prueba, por lo que la concepción que la mujer tiene de sí misma debe ser la mejor posible. Y si eso incluye cuidar más y mejor de su apariencia física para evitar caer en la depresión durante el embarazo, será bueno hacerlo.

Durante la gestación, la mujer debe prestar atención especial a algunas cuestiones como no escoger maquillaje que sea demasiado fuerte o no pasar demasiado tiempo al sol. Aunque la radiación ultravioleta es buena para algunos procesos metabólicos, debe tomarse con moderación y siempre que haya autorización médica.

Cuestiones como las estrías, las varices o la inflamación de las articulaciones también preocupan a la mayoría de las mujeres no solo por lo incómodo de estas afecciones sino también por sus consecuencias estéticas.

La mejor manera de minimizar los efectos estéticos indeseables del embarazo (y no nos referimos a la barriga, que es normal y deseable que se desarrolle) es aplicando el triángulo consistente en:

  • Dieta sana y equilibrada.
  • Ejercicio moderado y adaptado a cada momento del embarazo y a las características médicas de cada mujer.
  • Descanso adecuado.

Los dos primeros puntos dependen de nuestra voluntad y si los cumplimos facilitarán mucho el tercero. Asimismo, siempre hay que tener en cuenta que tanto la dieta como el ejercicio o actividad física que elijamos deben estar bajo supervisión médica especializada.

Algo vital que toda mujer debe tener en cuenta es que no por estar embarazada puede engordar sin control. El sobrepeso durante el embarazo es perjudicial para ella y para el bebé y también puede dar complicaciones tanto en el parto como en la fase de recuperación de este y los meses del puerperio.

Por todo esto hay que recordar que cuidarnos es la mejor manera de cuidar al bebé. Si llevamos a cabo un cuidado integral de nuestra salud ya podremos dedicarnos a escoger el calzado que no nos torture demasiado pero que sea bonito o los mejores vestidos para lucir nuestra barriga según va creciendo.

El embarazo no es excusa para renunciar a estar elegante. Por ejemplo, hay distintos estilos para acudir a bodas estando embarazada o para ir a fiestas y celebraciones de etiqueta, sin que tengamos que dejar de vernos estilosas.